El mundo de Sofía

05/10/2021 POR Pilar Medina EN Entrevistas

Es martes, 5 p.m. y la familia de Sofía Núñez, participante de las campañas de Pequeños Puentes y asistente del comedor Ranita Feliz, nos espera para compartir una sencilla merienda al aire libre, en el patio de afuera, del frente de la casa. A pesar de la humildad de la construcción, el lugar hermoso, rodeado de altísimos árboles y decorado con plantas y más plantas, ubicadas en toda clase de recipientes de variados tamaños. “Acá hay mano verde”, le digo a Adriana, la mamá de Sofía; ella sonríe confirmando la obviedad.




Le cuento que quiero compartir un rato para hacerle algunas preguntas que nos permitan conocer un poco más a quienes están del otro lado de este pequeño puente que hacemos entre Sofía y su madrina.

Viuda hace nueve años, Adriana vive con sus 4 hijos en la casa de adelante, y en la casa del fondo vive el papá de ella, con quien tiene una relación difícil ya que dice que él es muy machista y no la trata bien. “Mi papá es así, no le voy a cambiar la personalidad pero, solo que a veces me enojo porque me desvaloriza mucho como persona, y eso me duele pero, yo ahora estoy en la iglesia evangélica. No me da vergüenza decirlo. Me estoy fortaleciendo, estoy bien. No miro más a los costados. Solo hacia adelante. 

Esta tarde no es una tarde cualquiera. Hace un rato volvieron del hospital Larcade, donde les dieron la noticia de que Josué, de 21 años, quien andaba con las manos enrojecidas y adoloridas tiene leucemia. Todavía no caen o prefieren no caer. 


¿Cómo describirías a Sofía? 

Sofía es muy inteligente y muy capaz. Es muy luchadora porque es una nena que se las ingenia… Tiene 10 años y vende hielo, jugos y plantitas que hace con esquejes. Es emprendedora. Yo la admiro así porque para la edad que tiene, se nota y se ve que quiere hacer algo, ganar su plata; yo ya sé que de hambre no se va a morir porque es inteligente y me gusta cómo es. Está aprendiendo a leer, está recién en tercer grado, porque la maestra faltaba todo el año y se retrasó mucho con la pandemia. Yo prefiero que repita y que aprenda bien lo que tiene que aprender. Ahora está yendo al cole semana por medio, porque va por burbujas.


 


¿Por qué te parece importante que tus hijos participen de las campañas y proyectos de Pequeños Puentes? 

Yo tuve una infancia muy fea. Siempre le digo a mis hijos: disfruten. Los juguetes que ustedes tienen yo no los tuve. No tuve nada cuando era criatura. Yo lo único que conocí eran malos tratos. Eso conocí yo. No conocí lo que es un abrazo, un cariño… Día del niño, día de reyes en el rayo de sol con cuarenta grados de sol pidiendo en la calle, porque tenía a mi madre que estaba enferma, enloquecida por mi papá. De la escuela ni hablar… Sofía valora mucho los regalos que recibe. Yo le enseño a cuidar y ella lleva con mucho orgullo lo que le regalan y cuando le preguntan dice “me lo regaló mi madrina”.


Inmediatamente me doy cuenta de que probablemente en muchos chicos se desarrolla la fantasía de un único padrino o madrina de todas las cosas que reciben año a año, campaña a campaña. Como quien no puede guardarse el secreto de un buen regalo, les hago a los chicos la pregunta que me quema, a raíz de una reciente gran donación que recibimos de computadoras y con la que estamos trabajando en un proyecto soñado:


¿Cuánto creen que mejoraría o impactaría en su vida el tener una computadora en su hogar?

¡Para bien! ¡Para bien! Podríamos tener los apuntes ahí, leer de ahí y mi mamá no tendría que gastar tanta plata en fotocopias. Haríamos toda la tarea, trámites de Anses, muchos trámites.

Los chicos se ilusionan. Se miran, me miran y se ríen. Yo también me ilusiono.

Vuelvo a Adriana para la última pregunta y para despedirme.  


¿Te gustaría decirle algo a la madrina de Sofía del proyecto Leer y crecer? 

A la madrina de Sofi le diría que pienso que Dios la puso en el camino de Sofi y estoy muy agradecida, porque en este año tan difícil poder contar con ella para brindar una alegría es algo más que valioso. Me gustaría mandarle un fuerte abrazo porque lo que hacen ustedes por los chicos les alegra el corazón. Y esas cosas no se olvidan más.