QUIENES SOMOS


Somos una fundación que lleva, en los momentos más sensibles de la infancia, autoestima, reconocimiento y dignidad a los niños y niñas más olvidados de la sociedad. Esto lo logramos gracias al desarrollo de un sistema que nos permite llevar adelante campañas y proyectos de solidaridad personalizada.

MISIÓN

Llevar autoestima, infancia y dignidad a los niños más olvidados de la sociedad.

VISIÓN

Multiplicar nuestras campañas y extenderlas a tantos lugares del mundo como gente haya con ganas de ayudar y niños que necesiten ser reconocidos.


NUESTROS VALORES

COMPROMISO

Cumplimos lo que prometemos a los niños, a nuestros compañeros y a nuestros donantes.

AMOR

Respeto, alegría, entrega, empatía y cuidado por cada niño del mundo.

TRABAJO EN EQUIPO

Reconocimiento, valoración y cuidado del potencial de cada voluntario.

CONVICCIÓN

Fe en lo que hacemos y pasión para llevarlo adelante.

IMPECABILIDAD

Calidad, transparencia, profesionalismo, responsabilidad y compromiso férreo con nuestro trabajo.

nosotros

Nuestro Equipo


Pilar Medina

Fundadora y Directora

Tiene 41 años, es mamá de Clementina y profesora de Literatura, Castellano y Latín. También es inquieta, desordenadamente ordenada y emprendedora compulsiva. Memoriosa. Sufre de creatividad crónica y le gusta mucho escribir y comunicar. Es artista: canta, compone canciones, baila, dibuja y pinta y esto da cuenta de una sensibilidad desbordante. Tiene vocación para la alegría y la felicidad y más aún para compartirla. Hubiera querido ser estrella de rock pero, no pudo ser. Le gusta mucho leer, reflexionar y planificar. No le tiene miedo a la mayoría de las cosas que la gente le tiene miedo (por ejemplo, al ridículo) pero sí a otras tantas cosas que el equipo se ocupa de equilibrar. Su hija dice que es muy buena y que le hace pasar vergüenza. Le vamos a creer.

Belén Riambau

Directora Operativa

Cuando se dice que el mejor perfume viene en envase chico, referido a Belén, alias Pilu no puede ser más cierto. Tiene 24 años mide un metro y medio y pesa 45 kilos mojada. Fue alumna de Pilar en el año 2012 y la acompañó como una voluntaria más en ese entonces. Pero nunca dejó de asistir. Hoy es estudiante destacada y avanzada de la carrera de Administración de Empresas donde se desenvuelve con la misma responsabilidad y dedicación que le pone a aquello que elige. Toda la sensibilidad le corre por dentro y la deja salir solo en la medida en que no estorbe con el trabajo. Obsesiva del orden y del control y con una capacidad de trabajo atípica y constante. Metódica y brillante ella es la base sobre la que se apoya el buen funcionamiento de todo Pequeños Puentes. Está en cada detalle, serena en los momentos más desesperantes y siempre dispuesta a hacer cosas por esta causa que jamás haría naturalmente (por ejemplo bailar frente a una cámara dar entrevistas en la radio y la tele o inflar globos con helio siendo que le causan terror).

Fátima Mendez Chiesa

Eventos

Mamá de Dante y maestra jardinera. Taurina poderosa y con la fuerza de un huracán, empezó a trabajar voluntariamente en Pequeños Puentes antes de tener a su hijo; y siguió trabajando durante el embarazo e incluso después de que su bebé haya nacido. Todos nosotros lo vimos al pequeño Dante en su proceso de antes de llegar al mundo y después de haberlo hecho, hasta hoy. Esto habla mucho de ella: ni siquiera eso tan movilizante que es empezar a ser mamá por primera vez movió un ápice su participación y compromiso en el equipo. Reuniones con panza, reuniones con bebé en brazos, reuniones con bebé amamantando, reuniones con hijo jugando, reuniones con hijo durmiendo… nunca faltó. Tampoco nunca se quejó o si lo hizo siempre fue en el contexto de ese humor agotador y borracho que brinda la locura de lo que hacemos y del que ella es la abanderada. Sabe poner su casa, su tiempo, su disposición y su cuerpo incluso cuando el agotamiento la sobrepasa. Vino solita a formar parte de este equipo, pero vino para quedarse y para ser pilar fundamental. Dice que Pequeños Puentes la hace feliz. Debe ser eso.

Juan Morteyru

Sistemas y Datos

Juan tiene 29 años y llegó hace dos y medio convocado y enamorado de nuestro sistema. Lo de él son los datos, las computadoras, las planillas, los gráficos, las columnas y sobre todo, la cruza de la información. Es un genio en lo suyo y por alguna razón se enteró de nuestras campañas, participó (porque por sobre todas las cosas, también tiene corazón) y necesitó saber más, ver en qué podía su cabeza analítica contribuir a la lógica de este sistema. Nosotros no lo sabíamos. Había llegado un voluntario que había participado y que decía que quería ser parte. Lo pusimos a envolver regalos y él lo hizo lo mejor que pudo. Y así estuvo un año. Después nos confesó que le llevó un año entero comprender y conocer completamente el sistema. Y ahí entró en confianza y empezó a hacer mucho más que envolver regalos: desplegó sus dones y talentos y los aplicó a Pequeños Puentes. Es apasionado y sensible; quizás más de lo que estaría dispuesto a reconocer y en esto sus tablas lo sostienen. Los números y medidas le alivian la existencia y lo ayudan a lidiar con todo ese recurso amoroso, imposible de medir, que parece ser el capital principal de este proyecto y que lo hace crecer como si fuera magia. Distinto a todos, vino para quedarse y completarnos.

Carolina Grigoroff

Legales

Con una vocación de servicio muy evidente, fue largo y variado el camino que Carolina recorrió hasta llegar a nosotros. Nunca se imaginó con lo que se iba a encontrar y menos que allí encontraría un lugar para quedarse: una Fundación naciente pero, con un potencial y proyecto claro y evidente. Caro tiene 29 años y sin dudas vino a manifestar el aspecto más moderno y aguerrido de Pequeños Puentes; el más revolucionario, el más sediento de bien y justicia para los que más lo necesitan. No es casual que sea abogada y que sea parte de ese selecto grupo de letrados con verdadera vocación por su profesión. Feminista, vegetariana casi vegana, lucha hasta el final por lo que cree sin faltarle nunca al respeto a nadie por las diferencias. Odia levantarse temprano más que nadie en el mundo y sin embargo lo hace varios sábados o domingos al año para venir hasta Bella Vista, al encuentro del equipo que, según dice, siempre la hace reír. Es que está convencida de que esta y otras actividades que elige, van a hacer de este mundo un lugar mejor, o menos hostil para los que más sufren y no encuentra otra razón que le dé sentido a la existencia que el que no sea hacer algo así. Hace lo que haga falta: literal. Este equipo que se está organizando internamente todavía, la llama con mucho amor el "comodín". Cada vez que se necesita alguien para una tarea ella se ofrece. Es graciosa, dulce y frontal. Y ahora que somos Fundación, su vocación legalista es todo disposición.